Ateísmo y reflexiones de una adolescente desconfiada

La gente suele sorprenderse cuando les digo que soy atea. No deberían. Después de todo, ellos son casi tan ateos como yo.
 Y con esa premisa, confundo a más de los que debería. Una parte de sus cerebros rechazan la idea de otros dioses, porque no son compatibles con la idea que se les inculcó como correcta o porque simplemente ya es demasiado en lo que creer. A menudo tomamos las creencias de los demás como simples falacias, mentiras piadosas que ayudan al de al lado a hacerse la vida más fácil. Rebajamos por completo, y sin ser conscientes de ello, la posibilidad de que tengan razón.  ¿Por qué la tendrían? Después de todo, es obvio que están equivocados. Todos los demás que no concuerden con nuestra forma de ver la vida lo están.

Podemos empezar hablando sobre cualquier religión. Son demasiadas y cada una merece su propio análisis de miles de hojas que jamás terminarían de leerse, por lo que se podrían tomar algunas clásicas como punto de partida; por ejemplo, las de los griegos en la antigüedad.
Politeístas, los griegos tomaban como verdad absoluta la existencia de todos sus dioses, y eran demasiados. Para nosotros ahora es simple mitología ¿Qué cambió? ¿Qué hizo que la descartáramos?, dentro del hinduismo hay cientos de ramas, donde se encontrarán cientos de deidades, y todas ellas siguen vigentes y con seguidores fieles que aseguran su existencia.

El judaísmo fue la primera religión monoteísta, y las otras dos (el Islam y el Cristianismo) nacieron a partir de ésta.  Es curioso que entre los adeptos de cada una no se lleven bien y hasta se odien, siendo que tienen una misma raíz en común. Cierto es, también, que hasta Jesucristo profesaba el Judaísmo como predicador.


Básicamente, muchos cristianos no aceptan el Judaísmo, cuando es su propio Dios encarnado, mesías, el que creía fervientemente en esto. ¿Eso significa que están convencidos y aceptan que su profeta Jesús vivió equivocado hasta el día de su muerte?
Es una contradicción ¿Verdad?
Mientras más lo pienso, me encuentro repleta de contradicciones.

Símbolo del ateísmo


Volviendo a la idea inicial, cada creyente es a la vez no-creyente. No creyente de las demás religiones, deidades y/o pseudociencias.  ¿Qué quiero decir con esto? Que una persona no es a la vez judía e hinduista. Sus creencias, morales y éticas por las que se rigen no son compatibles entre sí. Descartan lo opuesto (o lo parecido) y jamás les dan la oportunidad de entrar a sus vidas.

Cada ser humano del planeta tierra, si está convencido en verdad de algo, no creerá en nada que sea opuesto. No hay  posibilidad, pues es la magia de la fe. Ahora bien, qué es lo que hace que una cosa tenga privilegios de veracidad sobre otra, está más allá de mí. Supongo que uno ni siquiera reconoce la posibilidad de dudar de sus antepasados. Dudar de ellos y su manera de ver la vida, es aceptar que quizá estaban equivocados. No es fácil negar a tus seres queridos.
Si se lo enseñaron así, por algo será.

En cambio, si hubieras nacido en India, muy probablemente serías hinduista o budista, y si hubieras nacido hace más de mil años en China, practicarías el Confucionismo. Suponiendo que eres un creyente, has descartado a cada uno de los dioses que no tienen que ver con tu religión (suponiendo también que tengas una), y en el caso de que seas monoteísta, los has descartado a casi todos, literalmente.
¿Qué me iguala de todos ellos? Yo tampoco creo en los que ellos no ¿Qué me diferencia? Yo no creo en todos ellos, más uno.

Uno sólo, que me encasilla en un grupo de gente a la que la mayoría de las personas que he conocido no es de su agrado.  El ateísmo no es abiertamente aceptado por el común denominador de la gente. Hasta decir la palabra en voz alta es desagradable en la sociedad actual.
Bien, vamos por partes.

Ya que admito no tener religión o deidad, muchos me han cuestionado de dónde venimos, cómo fuimos creados, o hasta cuál es el sentido de la vida. Piensan que porque niego su verdad, tengo otra que les traerá felicidad o por lo menos calma.

No tengo la respuesta. No sé de dónde venimos, a dónde vamos o el por qué de las cosas. Cada religión tiene su propia explicación, pero yo no la encuentro, no está mal admitir que no tenemos la respuesta a algo.  El problema es que el ser humano por naturaleza no tolera la intriga.
La eternidad es incapaz de ser comprendida para el cerebro humano, no importa cuántos libros de ciencia lo expliquen, o cuántas veces un profesor lo nombre frente a sus alumnos. Un millón de años luz es sólo una frase. Es cómo hablar sobre décadas o siglos a niños de cinco años, imposible de comprender.

Generalmente, las respuestas que obtengo cuando admito que no tengo la menor idea del significado de la vida es “pero de algún lado tenemos que venir” o “entonces alguien nos tuvo que haber creado”, y me es imposible la posibilidad de aceptar una verdad sólo porque no tengo otra mejor.

Hacerlo es estar aceptando por completo que creo porque lo necesito y no porque tenga sentido, y aún así ignorar por completo esa conclusión. No puedo vivir así. No puedo vivir sabiendo eso. No puedo aceptar lo que se me impone sólo porque no encuentro nada mejor. Debo admitir que creer en lo impuesto facilitaría las cosas. Tendría a quien culpar o agradecer, y cualquier cosa que necesite podría delegarlo en algo o alguien más. Es demasiado fácil. Tan fácil que me hace dudar. Además, no quiero orarle a nadie para que me arregle nada, pues son mis problemas y yo debo hacerme cargo de ellos.
He aquí otra contradicción ¿Para qué orar si ya existe el Plan Divino?

Para el que no lo recuerda o de plano no sabe, el plan divino o voluntad de Dios es la guía de éste sobre la Tierra. En el momento en que nacemos ya se traza un camino invisible que recorreremos hasta el día que muramos, sin importar las decisiones que tomemos. Si es así, no serviría de nada rezar, pues el Plan ya está en marcha, y es uno solo. Pedirle que lo cambie es ilógico, lo que tenga que pasar, pasará.

La propia naturaleza de Dios es confusa. Muchos la justifican diciendo que es complicado y en toda su perfección no podemos entenderlo. Alguien perfecto no odia, ni ama, pues lo haría capaz de errar y dejarse llevar por sus impulsos. El amor y el odio son las fuerzas más grandes de la humanidad; la primera hace que demos la vida por ciertos seres queridos y la segunda tiene la suficiente fuerza para crear guerras.

Dios es perfecto, y por lo tanto bajo la misma lógica debería ser incapaz de amar, mucho menos de odiar. No tendría por qué castigar o recompensar, y ese diluvio universal que asesinó a toda la humanidad menos a Noé y su familia, sólo alguien humano podría imaginarlo. Alguien que culpa a simples personas alrededor del mundo de una maldad inconmensurable, y cuando hablo de echar culpas también hablo de bebés, pues bajo las concepciones de las religiones monoteístas, todos los que existían murieron. ¿Qué culpa podría tener un simple bebé completamente puro de las maldades del planeta? Nadie lo sabe.

Bajo los mandamientos y leyes de estas religiones, un bebé nacería con los pecados básicos que cualquier ser humano comete, y éstos no son lavados y perdonados hasta no bautizarse. Si llegan a fallecer antes de que esto suceda, son enviados al limbo para toda la eternidad, un lugar que no es ni el cielo ni el infierno. ¿Qué culpa tienen los bebés de esto otro? Nadie lo sabe, tampoco.
Dios no puede ser un ser perfecto, no si hace y deja que pasen esas atrocidades. Las contradicciones son demasiadas y no me alcanzaría la razón para nombrarlas.  

Bertrand Russell, un filósofo, escritor, matemático y lógico británico, publicó en 1952 una analogía sobre la existencia de Dios, en la cual explicaba lo siguiente: supongamos que existe una tetera flotando en el espacio, tan pequeña que no podría ser vista por ningún telescopio. Si uno asegurara aquello, sería tildado de loco. Por el contrario, si desde hace siglos, existieran libros que respaldaran esa afirmación y se enseñe como verdad absoluta a los pequeños, no creer en ella sería una locura.
Es la mejor manera que he encontrado para explicar la ley lógica de “los negativos no se prueban”, un tanto difícil de comprender a la primera. Déjenme poner otro ejemplo. Ésta es una manera para hacerme entender, tomando un ser mitológico: un unicornio invisible.

Estamos sentados en un lugar y aseguramos que detrás nuestro hay un unicornio que no se puede ver. Sólo lo aseguramos, estamos fervientemente convencidos de aquello. Alguien vendrá y nos dirá que intentó probar su existencia, pero le fue imposible. Nosotros en cambio, respondemos que no puede probar que no existe. ¿Por qué querría probar que no existe? Y lo que es más importante ¿Cómo se podría comprobar algo así?

Solo los positivos pueden ser probados. Uno puede probar si  una x cosa está allí o no, si una casa fue construida allí o no, pero por el contrario, jamás podrá probar que no hay una casa ahí. Y que no pueda probar que no hay una casa invisible ahí, no hace que haya una casa invisible.
Así como tampoco significa que haya un unicornio detrás de mí sólo porque nadie pueda probar que no hay un unicornio atrás mío. No se puede probar que algo no está. Con ese criterio simplemente voy a ir por la vida creyendo que hay un alien siguiendo todos mis movimientos porque nadie puede demostrar lo contrario. Por ésta razón, los negativos no se prueban, simplemente, no existen. Porque son negativos.

Lo mismo pasa con Dios. Muchos dirán frente a mi afirmación de que no puede probarse que Él exista, que en realidad tampoco puede probarse que Él no exista. Es exactamente la misma contradicción.

Así como tampoco creo en alguna religión o deidad, me es imposible creer en conceptos como el karma. Carece de consistencia y me parece más que falso, un tanto ingenuo. Es algo así como delegar la venganza en manos del universo. Lo que das es lo que recibes. Si eres bueno, al final serás recompensado, y si has cometido terribles pecados y has hecho sufrir a mucha gente, tarde o temprano la suerte estará en tu contra. De ser así, veríamos a mucha gente mala enferma, y en realidad, esa sería la única. Los muertos a temprana edad serían solo los seres humanos aborrecibles. Los buenos no tendrían por qué sufrir tal martirio.

Realmente no creo que el que me hizo daño la pague ¿Por qué lo haría? Lo máximo que puede pasar es que algún ser se tope en su camino, reciba cosas horribles en su vida, y se vengue. Pero sólo se estaría vengando de algo que le pasó a él. No tendría nada que ver conmigo y lo que esa misma persona también fue capaz de hacerme a mí.

Cada uno se forja un camino y esperar a que el universo te bendiga con situaciones favorables en algún momento porque antes fuiste bueno, es tan irrisorio como el plan de beneficio-castigo de la religión. Es básicamente el mismo mecanismo, sólo que el primero es durante la vida y el segundo es después de la muerte.
Aunque sí es cierto que si lo único que una persona sabe hacer son maldades, probablemente sólo reciba rechazo de los demás, y se terminen alejando, pues eso no es más que el resultado de sus acciones, no una movida mágica del universo. Lo mismo pasa con los buenos.

¿Existe el alma? No lo sé ¿Dejamos de existir como forma de pensamiento cuando morimos? ¿Todo lo que somos por dentro y lo que construimos como identidad se convierte en la nada misma? Puede ser. Suena lo más lógico, pero de nuevo, la mente no comprende la negación del algo.

Algo tiene que haber. No puede haber nada ¿Después de la vida no hay nada? ¿Qué es la nada?

Supongo que tendré que esperar hasta mi muerte para comprenderlo, o quizá no comprenda nada porque deje de existir. El problema es, que nadie está dispuesto a esperar tanto tiempo por una respuesta.

Dara de Azevedo.

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